I

El silencio desprende la singular forma de quietud en un vacío sereno, la ansiedad es una fibrosa cabellera que cubre los muros y el polvo oscuro, este metabolismo se compara con el aroma del astro y el invierno del sitio, la elemental forma del eco prisionero se acumula en la iracunda lluvia del tejado, la estepa del pensamiento y su reflexiva luz descansa en  la villa nocturna, esta soledad a la que continuamente llama la tierra es la serenidad que apacigua las bestias y al hombre sonoro, vuelve la cita al terreno, el invencible deleite negro, el aceite consumido  declara la banalidad, el aposento de nubes y su imperio invisible en los ojos, la finalidad del alabastro en la expiración del anhelo, la parada al flagelo es  fragante sopor, el efecto delirante que desata el fuego, o que ave termino sin exceso de trópico, aceptémoslo o no, todo termina curvo en el frondoso vacío y el amor hambriento entero, también palidece sin retorno la música que arrastra lejos los escondidos muelles, si cada separación del trueno nos hará demasiado pronto la instancia en la pradera, no es tarde para ser aroma que golpea las orillas y besar las lanzas de la vida como una continuidad existente, sin orgullo, flaco, ausente, lejos del puñal de las agonías sin retorno.




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