Novela I
“Batidas”
Las 24 horas de la noche
anterior, forcejearon los tridentes para abrir la criatura en metales, los
vientos fríos de la ciudad de la negra pipa, la marcha de los corceles en los laberintos
de Manrique, estábamos en rastreo del carbón oscuro, arriba de los trenes y los
bueyes, en la cruz de la geografía, de las tablas negras y los zapatos rotos. Les
contare; mi amparo es una barracuda que escupe los balines y las heridas, es de
cacha de empuñadura, de dobles diamantes, con escamas de serpientes y con cañón
de cinco pulgadas compensado en la boca y con tambor liso, café como para no
alargar la hora del justiciero, esta “python”* está arremangadura, es la coraza
de la cacería en el riel de la noche del perro, iniciara con abrir fuego
galopante que insista por su cuerpo hasta que llegue al borde, ya en el cruce
por el viento de señales, contaminado el aluvial y las cabezas locas cocinadas de mi hermano Vily, le
abra con canciones hechas de plomo el hueso de la muerte, primero; taponamos las
salidas y los escapes con agujas, preparamos
la jaula con garganta, lo que en la milicia le llaman; “triangulación”, yo le
digo “estrangulación”, luego que el ciervo cae en la trampa justa de aluminio,
los relámpagos inician por los ojos, luego vértebra a vertebra hasta el impacto
azul, hasta el cansancio de la rendición silenciosa sea grito, “ahí”, los
vidrios y los miedos, las raíces, las esquirlas de la lluvia son roca seca de
dolores, desmembraciones del golpe, el fuego oxidado, encontraras el perdón demolido,
será una dosis sorda enemigo fragmentado, sera la victoria del cartel por un libro
apagado, blandir al perro en la jauría de las charcas y los cuerpos.
Lirya.
Luego que se confirmara el doblón,
toda esa pesadilla nutria mi oro, el túnel amarillo para calmar bocado, luego
el humo recogido calma los mares, para que el sudor baje en nubes de sangre disecada,
la claridad del borde del acuario, la limpieza, el Osiris, humo de Egipto,
perdona esta tumba y ven a nuestro reino, amen. Visto de gabarra negra para
sentir la presión y no morir por un descuido en benevolencia que no tienen los
enemigos escarlados, también buscan el suelo para entregármelo en
torturaciones, y azufres, debo ser precavido, asemila** ponzoña.
Siendo las 10
pm, salgo en cita por Lirya en el burdel de Junín con Maracaibo, después de los
funerales, después del llanto por el amigo en tinieblas, "cuatro copas de
aguardientes para el desafiante soldado", luego surge la necesidad subyacente,
el calmante de la ansiedad animal, Lirya, hecha de seda y de sexo, les contare
un poco de ella; es de labios de vino negro carnoso como el volumen de las
copas, el aroma leve, una mulata
de cabellos de avellano, de ojos verdes derramando mi esperma, la abertura,
la dulzura del hilo roto, la purificación lo supe, la avena en cada centímetro
de su cuerpo, es como si Kaurian*** está perdido sin templo, y mi alma siga en
reposo, ella, dice, que le toca su trabajo pesado, con minutos extraños y que luego es olvido que se borra en la ducha, conmigo ella es para los días, en que termine por cortar el cielo repleto de rostros cuando desbordado el aluvial, me
entregue en capsulas y sueños. La colmare de dádivas, con paquetes, billetes
verdes, la invitare a bailar a la ochenta, la salsa de los narvaez, la incitare a comer trozo a trozo del edén, en papelitos de mariguana y de éxtasis,
así me dará el amor en pequeños frascos, en pequeños besos narcóticos, ilícitos,
en besos purificadores, anclados al vapor profundo, al hormigueo de los ciempiés
que escurren por la boca, Lirya; es el líquido erótico de las almas sin
refugio, le arropare con mi furia, y con el lento rastrillar de los cuerpos.

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