Capas, copas, corazas.

Abrí una gran copa para ocuparnos, para desocuparnos, para envolvernos,
para desintegrarnos en las sombras que nos separaron, para llorar un aroma,
y reencontrar el retiro silencioso, mientras tu voz galopa lenta a mis desahuciones,
a mis desmembraciones, a mis preguntas solitarias.

Han sido días de pequeños abismos, de noches tremolinas, de lunas destilando éter, 
y finos vacíos, desde nuestra separación de destinos, desde las fechas, 
desde las flechas descarnadas a mí, las desesperaciones flotantes y las melancolías. Siendo sinceros, esas corazas, esas brasas, 
esos dulces orgullos por el que la última noche abierta fraguo la despedida, 
esas canciones por el verso muerto, causo esa batalla de silencios e incomprensiones, 
de quimeras lustrales*, desde ahí, 
el exilio del amor que tan abundantemente inundastes en mis confines, 
que tan abundante quedo desierto para el balcón y las lumbres,
el tour por el desdén, que debo decirte, que debo amarte,
he recorrido las desmenuzas del tiempo,
desde el fin sin rumbo hasta las orillas cenizas, todo por encontrarte,
todo por enamorar la primera magia, todo por reanimar tu tímido paladar,
tu ecuánime forma de envolver mis laberintos, por volver al campamento lujuriante, 
que sin amor llevaría pérdidas, que sin amor llevaría agujas, llevaría interrogantes, 
llevaría simulacros, llevaría cantinas, llevaría la fiebre vibrátil sin atlas...sin rumbo,

Que debo decirte, que desde los pies hasta los parpados,
que desde las blancas formas de tu sonrisa y tus caracolas vírgenes solía amarte,
todos los rincones baldíos secretos, todos abiertos piélagos, llaves prohibidas,
todos los besos para nuestras sangres, todas las invasiones coaguladas, 
devoraciones en perfecto equilibrante, conocías mis  almacenamientos de odres**
mis inquisitivos y desbordamientos,  que era feliz por tu mundo y tú por el mío,
por el aire de gaviotas, por el bosque de racimos dulcísimos ojos,
cómplice Saturna, tanto tiempo y tantas hogueras sumergidas,
tanto como las noches y los días.

He venido hasta el puerto, 
he venido por las llamas de los tibios brazos de niña diminuta del desvío, 
para que purifiquemos y bebamos mientras recordamos lo que debamos olvidar 
y avivar el trueno 
y avivar el fuego de los besos de los diminutos abismos que compartíamos, 
para calmar tu música, para calmar la mía, mientras te vas prematura a mí,
bebamos por las extrañas formas de amar y demoler, de amar y de volver,
de amar y revolver.

*Lustrales: fiestas acompañadas de sacrificios instituida en Roma. 546 a.C.
**Odres: recipiente de cuero de cabra para contener vino.




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